viernes, 6 de diciembre de 2013



Un aullido penetró
el nervio de la ciudad;
torrentes eléctricos
anegaron la estéril
superficie del asfalto.

Mientras el polvo,
una vez más,
corroía el aliento
fatigado del arrabal.

El oxígeno
no llega
donde
el tendido
acaba.

 

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